Digresiones estadísticas en el campo de los asuntos cardiacos

Si Wolowitz puede hacer públicos sus cálculos, yo también. Son cálculos generosos por obligación para con mi optimismo universal (excepto con las personas, que siempre son idiotas) y por la escasa calidad de los estudios estadísticos que he podido encontrar. Cualquiera que esté en proceso de elaborar una estadística puede masajear los datos a su antojo hasta que quede lista para publicar exactamente lo que le interesa…Y me incluyo, pero como me jugaría algo bueno a que mi único interés es simplemente publicar unos gráficos bonitos… Bueno, seguro que alguno pensará que también intento justificarme o algo; es una hipótesis que yo tampoco descarto, pero como también creo que ya llevo un tiempo de vuelta de todo y total, lo que escribo sólo lo leo yo, esa conjetura pierde fuerza. Así que adelante, bogavante:

Para mayor impacto gráfico he adaptado mi hoja de cálculo al modelo de la ecuación de Drake:

N=P*C_sexo*C_edad*C_tabaco*C_obesidad*C_idiota*C_altura*C_alonso

N Número de potenciales parejas

P Población

C_sexo Coeficiente de sexo: A pesar de que múltiples fuentes dan un mayor porcentaje de mujeres que de hombres en la población, vamos a ser conservadores y daremos a este coeficiente el valor 0,5.

Coeficiente de Sexo
Coeficiente de Sexo

C_edad Coeficiente de edad: Muy variable a nivel global y para cada rango de edad, en nuestro caso, para una muy razonable horquilla de entre 18 y 26 años, la pirámide de población de nuestro entorno nos proporciona un dato del 0,055 para este coeficiente.

Coeficiente de Edad
Coeficiente de Edad

C_tabaco Coeficiente de tabaquismo: A partir de los últimos datos del INE (2005) y siendo muy generosos, asignamos a este coeficiente el valor 0,67. Además consideramos añadido en él a quienes sufren otros tipos de drogodepencia, exceptuando el consumo ocasional de alcohol (y el café y el chocolate, por supuesto).

Coeficiente de Tabaquismo
Coeficiente de Tabaquismo

C_obesidad Coeficiente de obesidad: Con datos muy antiguos (1997) del MSC para el rango de edad entre 20 y 24 años nos quedamos con un 0,993 (siendo más exigentes y sumando a quienes sólo padecen sobrepeso -IMC>25- se nos dispararía a 0,89).

Coeficiente de Obesidad
Coeficiente de Obesidad

C_idiota Coeficiente de idiotez: Puesto que este indicador puede resultar sumamente subjetivo, la solución más rápida, certera y con datos estadísticos que la respalden es asignar el valor 0,23 a este coeficiente, a partir de los datos de las personas en el rango de edad a estudio que se declaran ateas o al menos, agnósticas. A falta de pan, buenas son tortas.

Coeficiente de Idiotez
Coeficiente de Idiotez

C_altura Coeficiente de altura: Esto empieza a ponerse complicado, los anteriores datos eran (más menos) independientes entre sí, es decir, no estábamos eliminando a la misma persona dos veces por motivos diferentes (sobre todo porque los datos estadísticos estaban tomados para aproximadamente la misma población, más o menos mujeres en el rango de edad que nos interesa y eran indicadores sin una correlación, al menos aparente). Llegados a este punto si eligiésemos un coeficiente para el dato de la altura haciendo caso de las tablas, de todas todas daríamos un dato inventado. Así que el coeficiente que elegimos en este caso, un poco a boleo, es del 0,5. La idea es quedarnos sólo con quienes miden más de 160cm, pero apuntando para arriba, al serle asignado a este coeficiente un valor subjetivo muy elevado.

Coeficiente de Altura
Coeficiente de Altura

C_alonso Coeficiente de Alonso: Dado que hay tantos rasgos de los que obtener estadísticas es imposible (sobre todo por subjetivos), no nos queda más remedio que personalizar otro coeficiente para el usuario de la ecuación; en él se tienen en cuenta factores tales como la belleza (porte/esbeltez, facial, del propio timbre de la voz…), las costumbres (ropa/abalorios, maquillaje/cirujía, etc), los valores morales y otros muchos (especial mención para quienes creen que ya han encontrado a su media naranja y se mantienen monógamos). La propia experiencia de campo nos da a entender que un valor apropiado para este coeficiente podría ser un 0,35. Es decir, aproximadamente un tercio de quienes pasar la criba de todos los anteriores coeficiente mantienen sus posibilidades.

Coeficiente de Alonso
Coeficiente de Alonso

Por lo que la ecuación queda:

N=P*0,5*0,055*0,67*0,993*0,23*0,5*0,35=P*0,000736

Con todo, el resultado de aplicar esta ecuación directamente a datos de población a distintos niveles, sólo nos indicaría la existencia de potenciales sujetos de nuestra búsqueda (tal cual, uno de cada 1358 personas). Es imposible que cualquiera llegue a coincidir a menos de diez metros de toda la gente del mundo, ni siquiera de una sola ciudad de tamaño medio. Y mucho menos hablar con ellas. Y mucho menos llegar a conocerlas hasta el punto de verificar la concurrencia parámetros que la haría superar el cedazo de la ecuación desarrollada. No obstante cabe sugerir, a la vista de del conjunto de la situación, una serie de comportamientos que maximizarían la capacidad de discernir entre tan abultada población. Este conjunto de sugerencias puede denominarse como “Menos posibilidades que un copo de nieve en el infierno”, y a pesar de lo políticamente incorrecto se su aplicación, consiste en el concepto del no-amor a primera vista. Quienes incumplen alguno de los criterios propuestos que son distinguidos por simple observación directa son inmediatamente tachados con una gran cruz para todos los propósitos de esta ecuación. De esta forma se reduce el tiempo que es necesario invertir en la catalogación de cada individuo. Resulta obvio que bellísimas personas quedan fuera del círculo de nuestro interés de esta forma, pero hay que tener claro que el ostracismo al que se ven relegadas es sólo relativo a los asuntos erótico-sentimentales que nos ocupan.

De cualquier manera, así quedaría la ecuación aplicada a distintas poblaciones:

Mundo (P=7000000000): 5154901

España (P=46150000): 33986

País Vasco (P=2150000): 1583

Vizcaya (P=1150000): 847

Bilbao (P=350000): 258

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Arqueología 3

Vale, sábado noche, calorcito veraniego, suena Iggy Pop… Is it reasonable some sex-talking-time now? ¿O es mejor esperar a estar en una fría clase de primaria…? Let’s find out…

Bonito árbol conceptual y bonitos dibujos, ¿verdad?
Por cierto, ¿para qué sirve el Aparato Reproductor?
Se tienen unas curiosas ideas al respecto en primaria 😛

Fragmentos de tres ensayos sobre teoría sexual de Sigmund Freud

Primero la introducción de rigor: bla bla bla cocainómano bla bla bla hace un siglo bla bla bla que si la abuela fuma y el gato monta en bicicleta bla bla. Bien, una vez que eso ha quedado claro, nos hallamos en inmejorable situación para meditar acerca del tema que nos ocupa, a saber, algunos fragmentos que fui subrayando mientras leía estas tres obras: Las aberraciones sexuales, La sexualidad infantil y La metamorfosis de la pubertad. Esto no es un resumen de las mismas, ni siquiera son las partes más importantes ni nada parecido, sólo son los fragmentos que me parecieron interesantes o que simplemente me hicieron gracia. Cualquier psicoanalista amateur que intente descifrar mi atormentada psique a través de estos fragmentos puede mismamente irse a cocinar mediante su inmersión en aceite muy caliente vegetales del género Asparagus.

1.- Las aberraciones sexuales

…compatible un diagnóstico de degeneración con el más perfecto funcionamiento del sistema nervioso.

On revient toujours à ses premiers amours.

…el instinto sexual tiene que luchar contra determinados poderes psíquicos que se le oponen en calidad de resistencias, siendo entre ellos los que más claramente se muestran el pudor y la repugnancia.

El caracter histérico deja rebelarse una represión sexual que sobrepasa la medida normal y un desarrollo exagerado de aquellas resistencias contra el instinto sexual que se nos han dado a conocer como pudor, repugnancia y moral, manifestándose en estos enfermos una aversión instintiva a ocupar su pensamiento en la reflexión sobre las cuestiones sexuales…

… resuelve el misterio lleno de contradicción de la histeria por el establecimiento del par contradictorio formado por una necesidad sexual superior a la normal y una exagerada repulsa a todo lo sexual.

Por medio de esta conexión de la libido con la crueldad tiene liugar la transformación del amor en odio y de los sentimientos cariñosos en hostiles, que es característica en una gran serie de neurosis, especialmente en la paranoia.

Lo que diferencia a los instintos uno de otro y les da sus cualidades específicas es su relación con sus fuentes somáticas y sus fines.

… la represión sexual…, la limitación de libertad, inasequibilidad del objeto normal sexual, peligros del acto sexual normal, etcétera, factores que hacen aparecer todo género de perversiones en individuos que de otro modo hubieran permanecido normales.

… afirmar muy justificadamente que todos somos algo histéricos.

… en las perversiones existe, desde luego, algo congénito, pero algo que es congénito en todos los hombres…

De las notas:

La máxima diferencia entre la vida erótica del mundo antiguo y la nuestra está, quizá, en que para los antiguos lo importante era el instinto mismo y no, como para nosotros, el objeto. Glorificaban el instinto y creían que ennoblecían al objeto, por deleznable que fuese. En cambio, nosotros despreciamos la actividad sexual en sí y la disculpamos por los méritos del objeto.

Las fantasías de los perversos, claramente conscientes, y que, en circunstancias favorables, pueden transformarse en en actos; los temores obsesivos de los paranoicos, proyectados en sentido hostil sbre otras personas, y las fantasías inconscientes de los histéricos, descubiertas detrás de sus síntomas por el psicoanálisis, coinciden en su contenido hasta en los detalles aislados.

2.- La sexualidad infantil

El niño no se sirve, para la succión, de un objeto exterior a él, sino preferentemente de una parte de su propio cuerpo, tanto porque ello le es más cómodo como porque de este modo se hace independiente del mundo exterior, que no le es posible dominar aún, y crea, además, una segunda zona erógena, aunque de menos valor.

“Lástima que no pueda besar mis propios labios”

El caracter rítmico debe jugar en ellas [las zonas erógenas] un importante papel.

… cualquier otra región de la epidermis o de la mucosa puede servir de zona erógena.

… toda parte del cuerpo puede llegar a adquirir igual excitabilidad que los genitales y ser elevada a la categoría de zona erógena.

Los transtornos intestinales, tan frecuentes en los años infantiles, hacen que no falten nunca a esta zona intensas excitaciones.

Naturalmente, el niño no da importancia a ensuciar su cuna o sus vestidos, y sólo tiene cuidado de que al defecar no se le escape la sensación de placer accesoria.

… es imposible no ver en esta disposición a todas las perversiones algo generalmente humano y originario.

La crueldad es algo que forma parte del carácter infantil, dado que aún no se ha formado en él el obstáculo que tiene al instinto de aprehensión ante el dolor de los demás;

La no coincidencia de ambas corrientes [sensual y de ternura] da con frecuencia el resultado de que uno de los ideales de la vida sexual, la reunión de todos los deseos en un solo objeto, no pueda ser alcanzado.

En los colegiales, el miedo al examen o la tensión ante un deber de dificil solución pueden tener gran importancia, tanto para la aparición de manifestaciones sexuales como para su conducta en la escuela, pues en tales circunstancias aparece con frecuancia una sensación de excitación que lleva al tocamiento de los genitales o a un proceso análogo a la polución, con todas sus consecuencias perturbadoras.

De las notas:

… la satisfacción sexual es el mejor remedio contra el insomnio.

… ciertas niñeras sin conciencia acallan y duermen a los niños que les están confiados acariciándoles los genitales.

Confesiones de una muchacha: “No todos los besos dan el placer que da el chupete. Es imposible describir el placer que se siente en todo el cuerpo mientras se chupa. Parece que se sale de este mundo, se siente una totalmente feliz y satisfecha y no se desea nada más. Es una sensación maravillosa. Es algo infable. No se siete ningún dolor, ninguna pena, y le parece a una transportarse a otro mundo.”

La moderna educación cultural se sirve de los deportes para desviar a la juventud de la actividad sexual, o, mejor dicho, para sustituir el placer sexual por el placer del movimiento, haciendo así retroceder la actividad sexual a uno de sus componentes autoeróticos.

3.- La metamorfosis de la pubertad

Con el grado de la libido se eleva entonces también la supervaloración sexual, que recae con toda su fuerza en la mujer que se niega al hombre y rechaza su propia sexualidad.

Pensamientos profundos de madrugada

No voy a decir que lo vaya a borrar porque no es verdad, aunque la tención sí pueda llegar a existir.

En algunos la castidad es una virtud, en muchos es casi un vicio.

Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán.

El amor casto engrandece a las almas.

Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.

De todas las aberraciones sexuales, la más singular tal vez sea la castidad.

Remy de Gourmont (1858-1915) Novelista francés.

No hay castos; solamente hay enfermos, hipócritas, maniacos y locos.

Anatole France (1844-1924) Escritor francés.

Aunque el Vaticano sostenga que la castidad es el valor supremo, en cualquier caso, me parece la aberración sexual más grande.

José Luis Sampedro (1917-?) Escritor y economista español.