Mal de tontos, consuelo de muchos

Extracto de un artículo publicado por El País:

En torno a ese 50% están las titulaciones experimentales (ciencias puras), como Física o Estadística. Aunque probablemente el éxito o fracaso en estos títulos también tiene que ver con la dureza de las materias, y probablemente el paradigma de esa dificultad recae en las ingenierías, en las que se aprueban el 54% de los créditos; y en un tercio de las carreras de ingenierías, la media baja de la mitad de aprobados. Bien es cierto que tradicionalmente el nivel de exigencia se ha mantenido muy alto en las enseñanzas técnicas, casi como una seña de identidad que consiste en suspender masivamente. En definitiva, otro indicador más, que al igual que el del abandono (que ronda el 30% entre el alumnado según cálculos oficiosos), señala en la misma dirección: la necesidad de orientar mejor a los estudiantes a la hora de elegir carrera y la revisión de las metodologías docentes.

Ctrl+Alt+Del

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Hoy han llegado por fin los libros y las pegatinas que les encargué a los genios de Ctrl+Alt+Del. Son los volúmenes recopilatorios 2 y 3, el primero está agotado por ahora, a ver si lo reeditan. Es genial ver la evolución de los personajes pasando las páginas rápidamente. Además, en el pie de cada página hay comentarios del autor (Tim Buckley) y también tiras inéditas y dibujos promocionales. Para aprovechar el envío, también pedí un pack de pegatinas, cuando menos especiales. Hala, ¡todos a leer webcomics!

La Marioneta

A mediados del año 1999 comenzó a circular profusamente por Internet un escrito que fue atribuido a Gabriel García Márquez. Se titulaba “La Marioneta” y se decía que lo había escrito como carta de despedida para sus amigos, por razones de salud (desde hace tiempo lucha contra un cáncer linfático). Más de un medio periodístico se hizo eco de la noticia.

García Márquez se reía al leer el poema que llevaba su firma, “Es tan malo que no vale la pena desmentirlo“, le dijo a su amigo Jaime Abello (director de la FNPI)

Yo soy uno de sus amigos y no me ha llegado nada“, llegó a asegurar el escritor argentino Tomás Eloy Martínez. “Pienso que es el mismo que hace varios meses apareció en Librusa (una agencia de noticias literarias en Internet que lo desmintió más tarde), y que el propio Gabo rechazó a pesar de que no valía la pena rebajarse a decir que no era de su autoría“.

Sin embargo, “Gabo” tuvo que salir a desmentir que él hubiera escrito el texto. “Lo que realmente me puede matar es la vergüenza de que alguien me crea capaz de haber escrito un texto tan cursi, tan malo“, dijo desde Los Angeles. También negó que estuviera tan enfermo como para pensar en una despedida.

Poco después se descubrió que, en realidad, el poema había sido escrito por el ventrílocuo mexicano Johnny Welch (famoso en su país por sus apariciones en televisión junto a la marioneta “Mofles”, un muñeco que representa a un viejo pícaro que hace chistes subidos de tono), quien lo publicó en 1996 en un libro titulado “Lo que me ha enseñado la vida“. Por supuesto, Welch declaró que le dolía que García Márquez calificara tan despectivamente a su escrito. “Respeto su opinión y es muy válida“, afirmó el ventrílocuo, “yo no soy un letrado o una persona que ha estudiado Filosofía y Letras, soy un ser humano con la necesidad de comunicar lo que siente y no sé si lo hago bien o lo hago mal, lo hago con el corazón“.

Abello, afirmó enérgico: “Es totalmente apócrifo y circula en la Red desde hace un año. Me recuerda aquel poema que le fue atribuido falsamente a Borges“.

Como resultado de esta lamentable confusión, García Márquez visitó a Johnny Welche y le pidió disculpas por sus expresiones.

Un poema parecido fue atribuido a Jorge Luis Borges y, según afirma el Nobel colombiano, María Kodama, la mujer de Borges, reaccionó afirmando que si el poeta argentino hubiera escrito una cosa así no se hubiera casado con él.

Se refiere a “Instantes“, una composición también de escasa calidad literaria que se difundió en fotocopias durante la década de los 80 y cuyo autor era en realidad el caricaturista estadounidense Don Herold, quien lo publicó en septiembre de 1953 en la revista The Reader’s Digest (existe un interesante artículo sobre este tema).

Su comienzo, “Si pudiera vivir nuevamente mi vida/ en la próxima trataría de cometer más errores“, recuerda a los de “La Marioneta”: “Si por un instante Dios se olvidara de que soy/ una marioneta de trapo y me regalara un trozo/ de vida…“.

Es una lástima que haya tan buenos falsificadores de pinturas y que los de literatura sean pésimos“, comentó Eloy Martínez.

A mí me llegó a través de mi profesora de Legua Castellana y Literatura del instituto en el año 2001, aún conservo la fotocopia que nos dio.

Aquí queda recogido el texto de la discordia (énfasis añadido):

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida… No dejaría pasar un sólo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, ¡sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse! A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.

Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.

El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.
Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles “lo siento”, “perdóname”, “por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.

Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos cuanto te importan.

Fuentes: http://sololiteratura.com/ggm/marquezvarios.htm

Ratónlandia

Me encantan estos cuentos-fábulas. Este en particular es de un político canadiense llamado Tommy Douglas. En la página con la versión original se le puede oír al propio Douglas contándolo.

Esta es la historia de un lugar llamado Ratónlandia. Ratónlandia era un lugar donde todos los pequeños ratones vivían y jugaban, nacían y morían. Y vivían de forma muy similar a cómo lo hacemos tú y yo.

Incluso tenían un parlamento. Y cada cuatro años tenían elecciones. Solían caminar hacia las urnas y allí depositaban sus votos. Algunos de ellos incluso eran transportados hasta ellas. Y lo eran cuatro años después también. Justo como tú o yo. Y cada vez, en el día de las elecciones, todos los pequeños ratones solían ir a las urnas y solían elegir un gobierno. Un gobierno formado por grandes, gordos y negros gatos.

Ahora si piensas en ello te parecerá extraño que los ratones eligieran un gobierno formado por gatos, pero si miras a los últimos 90 años de la historia de Canadá quizás veas que no eran más estúpidos de lo que nosotros somos.

Y no es que yo esté diciendo nada en contra de los gatos. Eran unos buenos muchachos. Ejercían su gobierno con dignidad. Ratificaban buenas leyes – es decir, leyes buenas para los gatos. Pero las leyes que eran buenas para los gatos no eran buenas para los ratones. Una de las leyes decía de los agujeros de los ratones debían ser suficientemente grandes para que por ellos pasase la zarpa de un gato. Otra ley decía que los ratones sólo podían circular a ciertas velocidades – para que así los gatos pudieran atrapar su desayuno sin demasiado esfuerzo.

Todas las leyes eran buenas leyes. Para los gatos. Pero, vaya, eran duras para los ratones. Y la vida se estaba poniendo más y más dura. Y cuando los ratones ya no pudieron aguantarlo más, decidieron que debían de hacer algo al respecto. Así que acudieron en masa a las urnas. Echaron del gobierno a los gatos negros. Y pusieron al frente a los gatos blancos.

Claro, los gatos blancos habían hecho una campaña soberbia. Dijeron: “Todo lo que Ratónlandia necesita es más visión.” Dijeron: “El problema con Ratónlandia son los agujeros redondos de los ratones. Si nos elegís, estableceremos los agujeros cuadrados.” Y lo hicieron. Y los agujeros cuadrados eran el doble de grandes que los redondos, y los gatos podían ahora meter ambas zarpas. Y la vida era más dura que nunca.

Y cuando ya no podían aguantarlo más, los ratoncitos echaron a los gatos blancos y pusieron de nuevo a los negros. Después cambiaron de nuevo a los blancos. Y después a los negros. Incluso probaron poniendo mitad negros y mitad blancos. Y a eso lo llamaron coalición. Incluso tuvieron un gobierno formado por gatos con manchas: eran gatos que intentaban hacer sonidos como un ratón pero comían como gatos.

Ya veis, mis amigos, el problema no era con el color de los gatos. El problema era que eran gatos. Y porque eran gatos, lógicamente cuidaban de los gatos en lugar de los ratones.

En cierto momento llegó un pequeño ratón con una idea. Amigos míos, cuidaros del pequeño colega con una idea. Y les dijo a los otros ratones: “A ver compañeros, ¿por qué seguimos eligiendo un gobierno formado por gatos? ¿Por qué no elegimos un gobierno formado por ratones?” “Oh,” dijeron, “es un bolchevique. ¡Encerradlo!” Así que lo metieron en prisión.

Pero quiero recordar algo: podéis encerrar a un ratón o a un hombre, pero no podéis encerrar una idea.

Libertad de expresión en Internet: perspectivas de futuro

Además de consolidar la reforma operada en el apartado 3 del artículo 11 de la LSSI, dejando claro que sólo el Poder Judicial está facultado para secuestrar páginas de Internet, no estaría de más imponerle a las autoridades una sutil espada de Damocles, remitiendo desde el articulado a lo dispuesto en el artículo 538 del Código Penal, que dispone lo siguiente:

“La autoridad o funcionario público que establezca la censura previa o, fuera de los casos permitidos por la Constitución y las Leyes, recoja ediciones de libros o periódicos o suspenda su publicación o la difusión de cualquier emisión radiotelevisiva, incurrirá en la pena de inhabilitación absoluta de seis a diez años.”

Me hierve la sangre cada vez que veo tanta razón en negro sobre blanco y sé que aunque nos afecta a *todos*, sólo una minoría lo leerá. Y peor todavía, aunque el resto esté de acuerdo, no hay manera de que las cosas importantes sean consideradas como importantes, para eso está el fútbol y la pantoja…

Rezo (aún siendo ateo) por el día en que unos cuantos juristas y abogados con responsabilidad social (supongo que haberlos haylos) lleven adelante una iniciativa de ley popular (de cualquier tema, no sólo este de Internet) y que nos presentemos en el Congreso con los miles de firmas necesarias para que por una vez se oiga a los ciudadanos en su propia casa de “representantes”.

Hasta los huevos de los políticos.

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